Reporte fotográfico

4-11-18

"Banquete Nocturnal"

El Día de Muertos ha sido una parte vital para la cultura mexicana durante millones de años, es la fecha en la cual recordamos y veneramos a nuestros seres queridos que ya pasaron al otro mundo. Tal es su carga cultural y su importancia que hoy en día lo seguimos celebrando.
 El presente reporte consta en conocer más sobre el significado de las ofrendas y todos los elementos que las componen.

El pasado jueves y viernes fueron los días en los cuales nos visitaron las almas que se desprendieron de sus cuerpos, es decir, nuestros difuntos y pudimos vivir toda la experiencia que conllevan estas celebraciones. En la clase de computación el profesor nos pidió un trabajo en el cual debíamos visitar ofrendas y conocer los elementos que las componen. En mi caso, tuve la oportunidad de ir a Tlalpujahua, Michoacán a presenciar el Día de Muertos. Mis abuelos viven ahí así que les pedí que me llevaran al panteón ya que es donde las personas van a poner sus ofrendas. Todo el ambiente es muy distinto, a pesar de ser un día un poco más “serio” la gente baila, juega, se caracteriza, canta y disfruta. Sí, es un momento un poco triste, pero en México en general no se ve como un tabú o algo malo, es algo que ayuda a las almas a pasar su camino y también ayuda a los presentes a superar su pérdida. También lo hacen mediante las ofrendas, que son altares de origen prehispánico y que gracias a la Conquista se hizo un sincretismo entre el cristianismo y las creencias religiosas autóctonas que son las que hoy en día ponemos.
Normalmente los seres queridos van al panteón y encima de la tumba ponen la fotografía del difunto, incienso, flores de cempasúchil (o las que el difunto prefería), veladoras, calaveras y los platillos y bebidas que le difunto consideraba como sus favoritos. La ofrenda la ponen un poco antes de que anochezca y se quedan ahí hasta más de la media noche. Cantan, contratan grupos y los acompañan durante su viaje a la Tierra de los vivos.
Pasado el tiempo de acompañamiento hacen pequeños festivales de baile, canto, poesía con temática de Día de Muertos y con esto la gente celebra y disfruta también su momento estando vivos. Es como un juego o mofa entre la vida y la muerte, claro que existe un gran respeto, pero no es algo a lo que se tiene que tener miedo o pavor. Es más bien algo natural e inevitable para todos.
En la ofrenda en la que más me interesé había todos los elementos mencionados anteriormente tenía pan de muerto, veladoras, atole, arroz, frijoles, rajas, un tamal, chiles, huajes y una cuba. Pero también tenía unas figuras prehispánicas de barro que sirven para recibir a las ánimas.
La ofrenda estaba decorada con papel picado con flores, también tenía un pequeño sendero de pétalos de flor de cempasúchil y veladoras que sirven para guiar el camino hacia la ofrenda. Tiene los platillos y bebida preferida del alma que nos visita.

Al finalizar la ofrenda y el festival, las personas llevaron muchos globos de Cantoya y los prendieron en honor a sus seres queridos.
Fue una experiencia muy grata y nueva, ya que es muy diferente de cómo lo podemos vivir en las zonas urbanas y que no están tan arraigadas a nuestras tradiciones. Yo solo iba para documentar y ver, pero al final me integraron (a pesar de no ser de ahí) y hasta prendí varios globos.
Me encantaría poder conocer más a fondo estas tradiciones y viajar por todo México para conocer las variantes y sus significados ya son parte de mí y de mi cultura. Independientemente de lo que yo crea para mí es vital conocer mis raíces y no dejar que desaparezcan ya que son parte de mi identidad.

Me gustó mucho poder documentar lo que vi y poder compartirlo con mis compañeros, ya que cada uno lo vivió de forma distinta en lugares totalmente diferentes pero que a la vez se unifican para el mismo fin.
















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